Por Lisseth Boon. Publicado el domingo 13 de mayo de 2012 en Últimas Noticias.
“Yo me resistía a emigrar, pero después del secuestro decidimos agarrar nuestras maletas. Ya mi familia entera se había mudado desde hacía tiempo a la Florida, también por la inseguridad”. Quien habla es Arelys Mavares, odontóloga, otrora en ejercicio, de la Universidad Central de Venezuela (UCV), que tenía su apartamento en El Rosal, Caracas, hace 10 años. “Ahora vivo con mi esposo y mi hijo en la propia ‘casita de la Barbie’. Extraño mucho Caracas, la gente, mi trabajo. Pero pienso en el robo y todo el horror que vivimos y se me quitan las ganas de volver”.
También por la amenaza de ser víctima de un atraco o asesinado por el hampa, se fue Wiston Galvis, técnico radiólogo, que ahora trabaja en un hospital de Willemstad, Curazao. “A mi ex esposa y a mí nos trataron de robar el carro varias veces. A un vecino lo secuestraron y lo dejaron desnudo en el túnel de Boquerón. Además, la situación política empeoraba. Estábamos paranoicos y en 2004 decidimos salir, sin importar las condiciones económicas”.
Al principio, la pareja buscaba opciones para Canadá o Australia, hasta que en 2006 le ofrecieron a Galvis el cargo que ocupa actualmente en la isla antillana. Gana 40% menos del sueldo que tenía en la Clínica Metropolitana de Caurimare, pero no le importa. “La tranquilidad no tiene precio”.
Son apenas dos casos de venezolanos que han decidido abandonar el país debido a la inseguridad. Dos que se suman al fenómeno de la diáspora criolla, que en los últimos años ha tomado la connotación de “masiva”.
Se calcula que la cantidad de coterráneos que se encuentra afuera aumentó cinco veces en las últimas dos décadas, al pasar de un promedio de 200 mil en los años 90, a 900 mil en 2010, de acuerdo a estudios del sociólogo Iván De La Vega, investigador de la Universidad Simón Bolívar (USB), quien analiza los flujos migratorios de los venezolanos desde hace tres lustros.
Las cifras ilustran que el panorama cambió: Venezuela pasó de ser un país receptor de inmigración, a uno emisor de emigrantes.
Pero no todos consideran que se está produciendo tal emigración masiva, “como se especula en los medios”, afirma el presidente del Instituto Nacional de Estadística (INE), Elías Eljuri. Las salidas se compensan con entradas de nuevos inmigrantes. También, mucha gente que se fue ha vuelto por la crisis económica europea, por ejemplo”.
Adiós violencia. La inseguridad es el principal motivo que expulsa a los venezolanos profesionales de su entorno original. Es el sello invisible y definitivo que marca el pasaporte vinotinto de los que salen por Maiquetía.
Así lo certifica la tesis de sociología de la Universidad Central de Venezuela (UCV) titulada “¿Formado para exportar?”, presentada en octubre de 2011 por Claudia Vargas, bajo la tutoría de De La Vega.
El estudio toma como muestra a 153 estudiantes de los últimos años o semestres de las escuelas de Medicina Luis Razetti y de Computación de la UCV. 58% respondió que la inseguridad es el tema que más les preocupa y por el cual dejarían su tierra natal.
La segunda y tercera causa serían el Gobierno y el conflicto político respectivamente (que suman 20% del total), con una diferencia de 38 puntos porcentuales con respecto a la inseguridad.
No todos logran salir, pero al menos la mayoría tiene esa intención. 65% de los consultados del estudio de Vargas respondió afirmativamente a las opciones “definitivamente sí” y “probablemente sí” se iría del país. Un 25% lo duda, a la expectativa de un cambio político, deduce la investigación.
La intención de emigrar es mayor entre las mujeres (41%) que en los hombres (36%), lo cual revelaría un cambio de roles: ya la mujer no es acompañante, sino que toma decisiones sobre la partida de forma independiente.
La mitad de los jóvenes con intención de salir piensa ir a estudiar a otro país, y luego quedarse a trabajar.
Aparte, en una consulta vía Twitter, realizada esta semana por Últimas Noticias, la delincuencia resalta como una de las principales justificaciones para instalarse en otro país.
“La inseguridad, sin duda, fue el detonante. Pensar en mis dos hijos adolescentes fue decisivo”, cuenta Liliana Castaño, comunicadora social que vive en Miami desde hace un año y 8 meses. Aunque nunca le llamó la atención EEUU, terminó por emigrar porque le salió la residencia permanente (su familia vive allá desde hace 16 años). También, influyó el deterioro económico y la “desmoralización del país”.
La inseguridad es lo primero que menciona Jean Carlos Bardot cuando le preguntan por qué se fue de Venezuela hace dos años. “Familiares, vecinos fuimos víctimas de la violencia. Se respira en la actitud de las personas cotidianamente”.
En República Dominicana, su nueva residencia, el licenciado en Computación de la USB, trabaja como gerente de seguridad informática para una institución financiera. “Me ofrecieron este empleo gracias a mi cargo en un banco importante en Caracas. Gano lo mismo que allá, pero me permite mantenerme aquí y a mi hijas en Venezuela”.
Se abrió el chorro. Entre las experiencias migratorias de la región, el caso venezolano luce único. Se diferencia de la llamada migración económica que movió a ecuatorianos a España o a centroamericanos a EEUU, por ejemplo. O la política que marcó a países del Cono Sur durante las dictaduras de los 70. Tampoco se identifica con el conflicto armado que marcó la diáspora colombiana en la segunda mitad del siglo XX.
Hace 30 años, el acento venezolano comenzó a conocerse tímidamente en otros países, primero en universidades, centros de investigación y laboratorios. La llamada “fuga de cerebros”, que identifica a la diáspora intelectual, se empezó a observar en los años 80, como registra un estudio del Iesa sobre esos años.
De La Vega identifica a 1983, el año del Viernes Negro, como un punto de inflexión de la emigración venezolana. A partir de allí se agravó la crisis económica, social y política que abonó la salida. El goteo migratorio siguió en los 90, acompañado por el retorno a sus países de inmigrantes y sus descendientes, a los que Venezuela había acogido en décadas precedentes.
El científico Jaime Requena considera que los profesionales no se van tanto por las dificultades económicas como por no encontrar condiciones adecuadas para ejercer su especialidad.
La fuga terminó de agudizarse en la primera década del siglo XXI hasta convertirse en una “dramática hemorragia de talentos en los últimos 10 años”, subraya Requena.
El investigador Claudio Bifano, estudioso de la emigración intelectual, alerta sobre las consecuencias de este fenómeno: “Es necesario que lo veamos como un tema fundamental que atañe directamente al futuro. Si bien el presente es ‘parapeteable’, es grave si pensamos en nuestros hijos y nietos. Esperamos para ellos una sociedad mejor que la que tuvimos. Y de eso es responsable el Estado”.
Venezolanas en Movimiento
Investigaciones estiman que en la actualidad unos 1.200.000 venezolanos viven en el exterior (equivale a 4% de la población). Así lo proyecta el sociólogo Iván de La Vega, quien analiza el fenómeno desde hace tres lustros. Se basa en datos de consulados, censos, encuestas y servicios de inmigración de 32 países. Existe un subregistro en España, Portugal e Italia, que aportaron al país en la posguerra un importante contingente de inmigrantes. Toma en cuenta el lugar del nacimiento de quienes ingresan a esas naciones con doble nacionalidad, obtenida por sus antecedentes europeos.
Cifras que vuelan
12 mil científicos trabajan en el exterior.
En Venezuela hay 9.558 investigadores (Registro Nacional de Investigación e innovación, Rnii. Abril 2011).
En Venezuela hay 9.558 investigadores (Registro Nacional de Investigación e innovación, Rnii. Abril 2011).
Entre 20 y 29 años se concentra la edad de los emigrantes latinoamericanos (Cepal)
13% de la migración internacional proviene de América Latina y el Caribe (Organización y Desarrollo Económico, Ocde)
191 millones de migrantes hay en el mundo, de los cuales 115 millones habitan en países desarrollados y 76 millones en países en desarrollo (ONU)
1 de cada 5 inmigrantes del mundo se encuentra en Estados Unidos
Entre 4.000 y 5.000 dólares es el sueldo promedio de un científico o tecnólogo en el extranjero, mientras que en Venezuela alcanza unos 1.200 dólares
74% de los inmigrantes de origen latinoamericano o caribeño se han residenciado en Estados Unidos (Ocde)
5.000 dólares puede sumar el costo de los trámites para optar a programas de inmigración de algunos países.
Ver video con encuesta de calle en http://www.ultimasnoticias.com.ve/noticias/actualidad/investigacion/la-inseguridad--expulsa--a-talentos-venezolanos.aspx?page=3
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