Hace mes
y medio, se hizo oficial el cambio curricular en la educación media que se
implementó de forma piloto durante el pasado año escolar en 68 planteles y que,
sin conocer los resultados de esa fase y basándose en un proceso de consulta
cuestionado, regirá este año la formación de por lo menos 1,7 millones
estudiantes del sistema público y privado
Publicado
en el diario El Nacional, suplemento Siete Días
Por Gabriela
Rojas. 15 de enero de 2017
El liceo
está en revisión. En el lapso que comenzaron los estudiantes de bachillerato
esta semana continuaran las transformaciones del currículo de la ecuación media
que se hicieron oficiales con la publicación de las Resoluciones 0142 y 0143 el
pasado 2 diciembre, que introducen cambios significativos en el nivel de
educación media y la modalidad de jóvenes y adultos (conocido como parasistema)
como la integración de asignaturas y el cambio de la escala de evaluación –del
1 al 5 para la educación de adultos-
vigentes para el año escolar 2016-1017, aunque aparecieron en la Gaceta
Oficial 41.044 tres meses después de comenzadas las clases.
El marco
de estos cambios fue la cuestionada Consulta Nacional por la Calidad Educativa,
una evaluación hecha en 2014 por el Ministerio de Educación y que sirvió para
dar fundamento y legitimidad popular a la reforma. Pese a los señalamientos
hechos por gremios y la academia, la implementación tiene más de un año en
proceso. Desde septiembre de 2015 la propuesta se presentó en un documento
denominado Adecuación Curricular en el nivel de Educación Media General y desde
marzo de 2016, a través de la circular 002, 68 instituciones piloto comenzaron
a trabajar con el nuevo sistema durante el año escolar 2015-2016.
Desde
1973, fecha del currículo de educación media vigente hasta diciembre, otro
mundo se ha construido. Cuarenta años separan al bachiller venezolano que
lograba su primer escalón del ascenso social del bachiller de se formará con
esta reforma, uno que siente la educación formal como una camisa de fuerza.
Entre las
consideraciones de la adecuación curricular está que “el academicismo mutiló el
trabajo, el hacer, la práctica y desvirtuó a saberes teóricos memorizados, con
muy poca aplicación en la realidad, la vida y la cotidianidad; se convirtió en
un ancla que detiene el proceso de comprender el mundo complejo”.
También
establece que los métodos de enseñanza son “simplificadores, reduccionistas,
mecanicistas” y que el aprendizaje tiene un enfoque fragmentado y atomizado.
Pero en
un segundo nivel, la propuesta de reforma emanada desde el ministerio intenta,
una vez más, conectar la educación con los objetivos históricos del Plan de la
Patria diseñado por el presidente fallecido Hugo Chávez. Al concretarse esta
reforma se pone en práctica de un proceso que comenzó a delinearse en 2007 con
la presentación del Currículo Nacional Bolivariano como parte de la Reforma
Constitucional que a pesar de haber sido rechazado en elecciones, se ha ido
implementando progresivamente en las instituciones más por decretos que por
consenso.
Luis
Rosas, representante del Colegio de Profesores de Venezuela, destaca que los
cambios que se proponen responde a la tendencia del gobierno a poner “el
pensamiento bolivariano al lado de los símbolos patrios y de los valores de la
nacionalidad como dogmas de fe que no pueden ser discutidos, sino simplemente
acatados, con lo cual se ofende la memoria del prócer, quien postulaba una
educación creativa y crítica”.
La
reforma, para Rosas, es parte de los reiterados intentos del gobierno por
controlar el sistema educativo y convertirlo en instrumento político-ideológico
de la revolución. “A pesar de que han sido repetidamente rechazados por la
sociedad civil organizada: basta ver el decreto 1011 (supervisores
itinerantes), programas de formación de guerrillas comunicacionales, colectivos
de familias socialistas, organización de estudiantes revolucionarios, entre
otros”.
Durante
la gestión de Adán Chávez en el Ministerio de Educación (2007) la reforma
curricular que se incluyó dentro de la Reforma Constitucional se perfilaba como
un hecho inminente que sería puesto en práctica en el inicio del período
escolar 2007-2008. El entonces ministro hablaba de la reestructuración de
contenidos, nuevos métodos de enseñanza, eliminar los métodos memorísticos, los
punitivos y evitar la enseñanza fragmentada; la misma justificación que se
recoge en el documento que sustenta reforma en marcha. “Tiene que ser una
educación participativa, con métodos novedosos que lleven al análisis crítico y
a la formación del hombre nuevo que necesita este país”, declaraba en una
entrevista publicada en El Nacional, en septiembre de 2007.
No son
todos los que están
La
Consulta Nacional por la Calidad de la Educación, iniciada en 2014 por el
entonces ministro Héctor Rodríguez, pretendía revisar las consideraciones de
todos los actores involucrados en el sistema educativo. Fueron cuatro meses de
evaluaciones hechas a 7,2 millones de personas (padres y representantes,
maestros, directores, estudiantes y representantes del poder popular), de los
cuales 3.920.472 estudiantes y 305.201 docentes presentaron propuestas
provenientes de 20.748 instituciones educativas, según indicó los datos del
ministerio.
Pero la
participación todavía genera más controversia que acuerdos porque sectores del
ámbito universitario y gremial aseguran que no fueron convocados, que no
pudieron participar de las reuniones y que sus consideraciones no fueron
incluidas en el documento final, por lo que expresan que hay un sesgo
importante en los resultados con los que se soporta la reforma.
La
consulta reveló, por ejemplo, que 53% de los entrevistados consideraban que la
formación docente era la clave para mejorar la calidad de la educación. Solo
10% dijo que era necesario un cambio de currículo.
Carmen
Aguirreche, presidenta del Colegio de Licenciados en Educación de Venezuela,
afirma que uno de los problemas que complican la implementación de las reformas
y el mejoramiento de la educación es la relación del ministerio con las
universidades: “Estas instituciones no han podido participar en la construcción
de un perfil para la formación de los profesionales de la docencia que responda
a las exigencias de la transformación curricular y, más aún, ni siquiera se les
dio la oportunidad de aportar en la propia construcción del documento, aunque
en el mismo se expresa lo contrario sin dar evidencia de lo aseverado”.
La
escuela de Educación de la Universidad Católica Andrés Bello también expresó su
preocupación ante la implementación del nuevo diseño curricular sin cumplir a
profundidad los procesos de consulta, formación y evaluación necesarios para
estos cambios significativos. Explican que el Ministerio no ha divulgado los
resultados de la sistematización de la experiencia piloto que se hizo durante
el año escolar 2015-2016 en 68 instituciones de educación media. “Desconocemos
los aportes generados por el análisis de su puesta en práctica y cuáles han
sido los espacios de discusión y reflexión para su necesaria evaluación por
todos los actores del proceso educativo”, señala un documento difundido por la
escuela en octubre pasado cuando comenzó el año escolar.
El
artículo 25 de la resolución establece que en agosto egresará la última
promoción formada con el viejo pensum de educación media que, junto con sus
revisiones posteriores, queda derogado con el nuevo currículo. La norma
establece un período no mayor de seis meses para la implementación de los
cambios, contados a partir de la publicación en la Gaceta Oficial. Esta reforma regirá a por lo menos 1,7 millones
de estudiantes de educación media, según los datos de la Memoria y Cuenta de
2015.
La
premura en la aplicación es una de las observaciones que hizo la UCAB. Apuntan
que “es contradictorio el discurso teórico desplegado en la propuesta y la aplicación
apresurada de la misma. El mismo documento que dicta las Orientaciones para el
Proceso de Transformación Curricular en Educación Media General reconoce que
los docentes no están informados sobre las bases epistemológicas que sustentan
la propuesta de cambio y los insta a su formación en el tema”.
Los
docentes se detienen en este punto: “Somos la cara visible y quienes asumiremos
un posible fracaso cuando la realidad se enfrente con la teoría ideal del
ministerio”, dice el profesor Gonzalez.
“Desfasado
y aburrido”
Quienes
evalúan en carne propia las carencias del bachillerato son los estudiantes y
profesores. Desde ambos sectores coinciden en que, tal y como funciona, el
sistema va reprobado y los cambios del nuevo currículo difícilmente lo mejorarán.
El
déficit de profesores y las condiciones laborales cobraron una factura que el
gremio docente viene advirtiendo desde hace más de cinco años: cada vez menos
personas quieren dedicarse a la docencia y quienes lo hacen avanzan muy poco en
su mejoramiento profesional.
Las
cifras lo ratifican: la Universidad Pedagógica Experimental Libertador
inscribió en el período académico 2015-2016 apenas 100 alumnos para ingresar a
la especialidad de Matemática y 47 para abrir una sola sección de Física para
las 8 sedes que tienen en el país. Pero en el transcurso de la carrera las
secciones se quedaron con un promedio de 15 estudiantes y la tendencia es que
finalmente se gradúan dos o tres en las especialidades del área científica,
cuyas asignaturas sufren el mayor déficit de docentes.
El
panorama es similar en la escuela de Educación de la UCAB: ciencias sociales,
biología y química tienen en promedio entre 30 y 35 estudiantes repartidos en
los cuatro años de la carrera y en las promociones de grado egresan dos o tres
docentes de las especialidades de física y matemática. Para el período
académico que comenzó en octubre, la escuela no abrió la mención física y
matemática porque solo había dos estudiantes interesados.
Los
estudiantes, por otro lado, dicen que se pierden en un sistema que tiene graves
deficiencias de infraestructura, demuestran muy bajo rendimiento, hay altos
niveles de deserción y los que logran culminar expresan que permanecieron cinco
o seis años en un entorno poco atractivo que no logró conectar con sus
necesidades.
“Siento
que mi preparación fue defectuosa y desfasada”, responde tajante Alessandro
Gómez, estudiante de quinto año de una escuela técnica en Caricuao. La
valoración de su experiencia en el liceo se inclina más hacia lo negativo: empieza
por una gran lista de materias a las que no le encontró sentido porque tenían
poca vinculación con sus intereses. “Veía algo que se llama comercio que no sé
para qué sirve, vimos contabilidad y no necesariamente eso es algo en lo que me
interese trabajar y también nos dieron computación pero en unos equipos donde
nada más corría Word, cualquier celular era más avanzado”.
Su
aburrimiento se acentuó por su frustración con las materias científicas: “Nos
dieron un mateo en todas las materias de ciencias porque nunca había profesor.
Puedo decir que llegué a quinto año sin hacer un simple experimento”.
Muchos
estudiantes puede contar que pasó de año sin haber visto nunca una o varias
materias. Las principales ausentes son física, química, matemática, inglés y
educación física.
Gabriel
D’ Aquino, estudiante de cuarto año en el liceo Leopoldo Aguerrevere, afirma
que no vio química en ninguno de los años que le correspondía. El año pasado
tampoco tuvo ni una clase de educación física. Como no había docente para
química, la solución fue que durante el último lapso agregaron dos horas extras
a final de clases para dar parte de los contenidos de la asignatura pero en
esos tres meses no abarcaron ni la mitad del cronograma. El año anterior
tampoco tenían profesor de física por lo que el docente de matemática tuvo que
impartir algunos de esos contenidos.
“Claro
que hay que actualizar el currículo es una necesidad imperiosa pero también hay
que ser realistas. No podemos hablar de formación profesional, horarios
integrales, profesores dedicados exclusivamente a proyectos tiempo completo
cuando los docentes tenemos que buscar otros trabajos para poder mantenernos,
cuando no tenemos ni siquiera insumos para trabajar en el aula, cuando
enfrentamos la inseguridad dentro de las mismas escuelas. Queremos una
educación excepcional con presupuestos de miseria”, aterriza Pedro Antonio
Gonzalez, docente de geografía en un liceo ubicado en El Paraíso.
Alix
Mejías, estudiante de tercer año en un liceo en El Valle, conoce algunos de los
cambios que vienen con el cambio de currículo que comenzará a implementarse
porque su mamá es docente y está al tanto de la propuesta. Aunque en la
institución donde estudia todavía no está en práctica, la joven de 15 años se
anticipa a los resultados: “Todo sería finísimo si el liceo estuviera en buenas
condiciones pero no tenemos comedor y ni siquiera funcionan los baños ¿cómo
vamos a tener actividades hasta las 4 de la tarde sin tener almuerzo? Yo salgo
de clase y me tengo que ir directo a la casa hasta para ir al baño”.
El
Colegio de Licenciados en Educación de Venezuela señala que 60% de los
planteles educativos no cuentan con infraestructuras en condiciones operativas
ni tienen la necesaria dotación de materiales, equipos, mobiliario y recursos
para el aprendizaje que hagan más atractivas y variadas las actividades en el
aula.
Uno de los
ejes transversales de la reforma es la figura de un profesor orientador que
debe trabajar como guía por cada sección. La materia conocida como guiatura ya
existía con el anterior currículo pero en la práctica la labor de este docente
quedó arropada por la burocracia escolar.
“Tenemos
una materia llamada Guiatura en la que supuestamente hay un profesor que
orienta y dirige un proyecto entre los alumnos pero nosotros la conocemos como
la materia Hora libre porque allí no se hace nada”, cuenta D’ Aquino, estudiante
de cuarto año.
La
necesidad de revisión y reforma es una coincidencia entre todos los sectores
pero como apunta Aguirreche, presidenta del Colegio de Licenciados en Educación
de Venezuela, más es necesario reorganizar la gestión educativa. “Lo que está
en el tapete es un cambio profundo de las razones que justifican la gestión
porque no es posible que los procesos administrativos fijen el accionar de las
instituciones educativas y que las supervisiones eliminen las posibilidades de
desarrollar estrategias didácticas creativas e innovadoras”.
Ideólogo
del chavismo al frente de la educación
Elías
Jaua recibe el ministerio de Educación en pleno proceso de implementación de la
reforma curricular. Su designación al frente del despacho educativo, el pasado
4 de enero, lo convierte en el octavo ministro durante el período de la
revolución bolivariana. El sociólogo y político es hijo de una educadora. Antes
de ser miembro de la Asamblea Nacional Constituyente en 1999, fue director de
ideología del Movimiento V República, partido que fue la primera plataforma
política de Hugo Chávez. Tiene liderazgo dentro del Frente Francisco de
Miranda, una especie de escuela de formación política del chavismo para formar
el llamado hombre nuevo. Esta organización que dirigió Jaua durante varios
años, fue creada en 2003 en La Habana, bajo la tutela de los fallecidos Hugo
Chávez y Fidel Castro.
Jaua ha
sido docente universitario pero la sucesión de cargos en el Ejecutivo nacional
lo alejó de las aulas. Fue ministro de la Secretaría de la Presidencia,
presidente del Fides (Fondo Intergubernamental para la Descentralización),
ministro de Economía Popular y de Agricultura y Tierras. En 2010 ocupó el cargo
de Vicepresidente de la República hasta 2012 cuando se lanzó como candidato a
la gobernación del estado Miranda que perdió frente a Henrique Capriles. Luego
de este episodio en el que se convirtió en el “protector de Miranda”, bajo la
figura del presidente de Corpomiranda, creada en ese entonces pasó a ser el
último Canciller del período de Chávez y fue ratificado por el presidente
Nicolás Maduro. El cargo de Ministro de Educación lo encuentra como diputado de
la Asamblea Nacional por el Psuv, cargo en el que duró apenas un año.
A sus
predecesores en el Ministerio de Educación les ha tocado adelantar diferentes
etapas del proceso de reforma educativa. El primer impulso lo asumió Aristóbulo
Istúriz porque bajo su período se creó la figura del Liceo Bolivariano, luego
Adán Chávez que estuvo al frente de la implementación fallida de la versión
inicial del Currículo Nacional Bolivariano, el período de Maryann Hanson quien
tuvo a su cargo la edición y publicación de la Colección Bicentenario y la
polémica Resolución 058 de los Consejos Educativos, proceso que heredó Héctor
Rodríguez quien tuvo como su principal encargo llevar a cabo la Consulta por la
Calidad Educativa. Rodulfo Pérez alcanzó a firmar la Resolución 0142 y 0143
pero será Elías Jaua el encargado de convertirla en un hecho durante el período
escolar 2016-2017 en el que ya ha corrido un tercio del calendario.
Para este
trabajo, El Nacional solicitó una entrevista con el viceministro Humberto
González, que quedó suspendida por el cambio en el gabinete de Maduro.
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