Cada vez son más los niños y adolescentes que dejan sus
casas y escuelas para proveerse en la calle el sustento que no le pueden dar
sus familias. Es un fenómeno sin cifras precisas pero que deja huellas: al
menos 70 muchachos están en las calles de Chacao y se ha hecho frecuente su
presencia como vendedores y mendigos en el bulevar de Sabana Grande
Publicado en el suplemento Siede Días del diario El Nacional. 12 de febrero 2017.
Por Carmen Victoria Inojosa / Foto William Dumont

Entre las voces de los buhoneros en Sabana Grande unas
destacan por su intento en hacerse notar por encima del ruido con que comienza
el día. Son voces agudas, de niños, que en vez de entonar el Himno Nacional a
las 7:00 am en los colegios, afinan sus gargantas para vender donas, agua,
café, cigarrillos y pedir dinero. Martín, de unos 7 años de edad y cabello
desteñido, recorre el bulevar acompañado de una única frase: “A 100 bolívares
el cigarro”. Francisco, un poco más grande, también se une. Antes de salir a la
jornada habían compartido una empanada. La secuencia de los mordiscos sobre la
masa rellena de queso la siguen con los ojos de cada uno, como asegurando la
equidad.
Con el estómago medio lleno y a fuerza de gritar más alto,
en minutos Martín logra la primera venta del día. No habla con nadie y pocas
veces se deja ver el rostro. Se limita a entregar el cigarrillo, recibir el
dinero y ofrecer un encendedor. Así sobrevive en las calles de Caracas que son
su nuevo hogar y el de por lo menos otros 70 niños que contabilizó en enero la
Policía Municipal de Chacao, a través de la unidad especializada en niños,
niñas y adolescentes. “Estos son los que hacen vida diurna, en la noche son
otro tanto. Las cifras son alarmantes. Este grupo pertenece al abordaje que se
realizó en el Sambil, el CCCT y la zona de Chacaíto. No se incluyen en esta
cuenta los que hacen vida en Los Palos Grandes, Altamira y La Castellana”,
señala el oficial Horacio López, que coordina la unidad especial.
En los consejos de protección también han percibido el
aumento de la presencia de niños solos en las calles. Emperatriz Pasarella,
consejera en Chacao, señala que la oleada actual es diferente a la que en
décadas pasadas vivió el país: “La diferencia desde hace 15 años es que hay 500%
de niños más en la calle. Estamos hablando de que antes existían realmente
chamos en situación de calle, que estaban desprendidos de un medio familiar.
Los de ahora sí tienen familia y casas. Están en la calle porque el grupo
familiar no tiene cómo garantizar sus necesidades básicas. Algunos están
incluidos dentro del sistema educativo, pero necesitan estar en la calle para
buscar dinero y alimentos”. Y con la venta de cigarrillos detallados, niños
como Martín o Francisco pueden reunir entre 20.000 y 30.000 bolívares al día
entre lo que piden y lo que logran vender.
En Chacao la presencia de niños deambulando es tan evidente
que a mediados de enero se realizó una asamblea de vecinos en la plaza de Los
Palos Grandes para tratar la problemática. En el encuentro la presidenta del
Consejo Municipal de Derecho, Gloriana Faria instó a la comunidad a no dar
dinero a los niños, pues considera que eso los mantiene en la calle y les crea
el hábito. La recomendación forma parte de una campaña que se ha desplegado en las
urbanizaciones con volantes. Faría señala que es preferible que las personas
hagan donaciones a programas que atiendan a esta población.
En el municipio Sucre también han registrado un aumento. El
consejero de protección Nelson Villasmil indica que en enero se presentaron 4
cuatro casos: “En 2015 ese fue el promedio de todo el año. En 2016 esto se
incrementó exponencialmente y se dictaron 10 medidas de abrigo en todo el año”.
La situación arropa a casi toda Caracas. Una fuente del consejo de protección
de Libertador, aunque no reveló cifras, aseguró que la frecuencia de reportes
de niños en situación de calle es diaria. “Esos índices han aumentado de alguna
manera. Esto es evidente cuando uno transita por la ciudad. Hay niños y niñas
pidiendo por la calle y en los centros comerciales. En los recorridos que hemos
realizado, más que dormir en la calle, están pidiendo, hurgando entre la basura
en compañía de adultos. Otras veces solos”, señala.
En Baruta tienen contabilizados 300 indigentes entre
adultos y niños que habitan a la intemperie en el municipio. “Son personas que
forman grupos familiares. En ocasiones las madres dejan solos a sus hijos, pero
los vigilan desde lejos”, asegura la consejera de protección Jeslia Vergara. En
El Hatillo, o al menos en la zona urbana, todavía no se ha hecho evidente el
fenómeno. Sin embargo, en noviembre siete niños provenientes del municipio
Libertador deambulaban por el centro comercial Paseo El Hatillo. “Decían que
tenían hambre, que venían porque allí les daban dinero y comida. Se les
garantizaron los derechos básicos y se hizo el traslado”, informó la consejera Rosenny Liccioni.
Parque Central. Sigilosamente tiran de la manga o pantalón
de quienes se encuentran haciendo cola para comprar pan o alguna chuchería. El
contacto causa una respuesta inmediata. Se asustan. De pronto la persona se
encuentra rodeada por cuatros niños menores de 8 años de edad. Son ágiles para
zafarse, pero lo suficientemente tiernos para salir casi siempre del lugar con
algo para comer. Alberto, de 5 años de edad, mira fijamente a quien acaba de
comprar un pan y galletas. Se hace nudos en la franela y las muecas van a parar
en una ligera sonrisa. Así obtuvo dos polvorosas, una para él y otra para su
hermano Francisco, de 8 años de edad.
El jueves 19 de enero estos dos hermanos pasaron la mañana
y la tarde recorriendo los pasillos de Parque Central. En una de las
panaderías, Alberto se inclinó sobre la vidriera y comenzó a contar los dulces.
“Todo esto es mío, mío, mío”, dice mientras repasa con el dedo cada uno. “Yo
estudio en las mañanas, él no va al colegio porque no tiene cuadernos”, explica
el mayor. Pero es mediodía y está sin uniforme. Dicen que viven en San Agustín
y que sus padres están en casa. “Trabajamos con la moto de mi tío. Yo llevo a
la gente y Alberto vigila la moto. Ganamos 10.000 bolívares para comprar la
bolsa de comida”, comenta. Ese día desayunaron arroz y plátano. Almorzaron
empanada, galletas y la mitad de un té que les regalaron. Los comerciantes del
lugar dicen que desde finales de año Alberto, Francisco y otros más van
pidiendo en cada establecimiento del complejo residencial.
La dificultad para conseguir alimentos y su alto costo ha
sacado a los niños y adolescentes a la calle para buscar lo que en sus hogares
y colegios ya no es posible encontrar. En diciembre se debían disponer de
544.990,78 bolívares para la canasta alimentaria familiar, según el Centro de
Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros. “Hay
un incremento en la presencia de niños en situación de calle que está
relacionado con el problema para conseguir alimentos. Antes iban a la calle por
violencia intrafamiliar y explotación laboral infantil, ahora es el hambre. No
hay suficiente comida en los barrios que garantice que ellos permanezcan en
casa”, explica Leonardo Rodríguez, director de la Red de Casas Don Bosco.
Rodríguez identifica un cambio de patrón de esta
problemática que por décadas ha estado presente en las ciudades venezolanas. A
finales de los noventa, cuando el Hugo Chávez candidato, en su famoso mitin en
el Ateneo de Caracas, prometió quitarse el nombre si en su gestión había niños
en la calle, el fenómeno tenía otros matices.
“Para 1997 se trataba de los llamados huelepega. Luego,
entre 2004 y 2005, hubo un nuevo incremento. Hoy en día aparece con mayor
fuerza, pero asociado al hambre. Quizás entre 2007 y 2016 se trataba de niños
que no estaban en la calle, pero sí incorporados a bandas delictivas. Ahora los
que no estaban en bandas, están en la calle”, agrega Rodríguez.
En las entrevistas con los padres, los consejeros confirman
la causa de esta presencia cada vez más acentuada de pequeños, en su mayoría
entre 7 y 14 años de edad, pidiendo y merodeando en las calles. Aunque
Rodríguez expresa que “apenas se están estrenando en la calle”, teme que
proliferen casos de explotación laboral y sexual, se creen líderes que sometan
o aumente el microtráfico de drogas.
En Cecodap dieron un alerta el año pasado. Fernando
Pereira, activista de la ONG que protege los derechos del niño y el
adolescente, señala que lo que ocurre es el resultado previsible de la crisis
actual: “Lo extraño sería que no lo fuera. No tenemos medidas ni planes
dirigidos a esos niños. Ni siquiera el reconocimiento del fenómeno por parte de
las autoridades. Estamos en el peor momento de nuestras capacidades para
atenderlos. Vamos a tener más muchachos y en peores condiciones porque no se está
haciendo nada al respecto”.
Otros investigadores también lo han detectado. Los
psicólogos Mikhael Iglesias y Antonio Martins entrevistaron a 312 adolescentes
de sectores populares de Caracas y encontraron que 84,54% siente temor de
quedarse sin comida en sus casas y que 54,39% ha tenido que comer menos veces
en el día porque no hay alimentos suficientes en el hogar. El estudio llamado
“Relatos del hambre” indaga sobre las afectaciones psíquicas que surgen como
consecuencia del hambre. “La inseguridad alimentaria guarda relaciones con
síntomas depresivos, estrés postraumático, tristeza, irritabilidad. La búsqueda
de comida en la basura es una acción que moviliza a las personas como método de
supervivencia, para preservar la vida”.
Esta situación está comprometiendo el presente y el futuro
de los niños y adolescentes, advierte Iglesias: “Al estar mal alimentados
tendrán deficiencias cognitivas, como limitación para estudiar e ingresar
posteriormente al mundo laboral. Por lo tanto, vamos a tener una menor
productividad en el país. Podemos hablar de enfermedades como autismo, síndrome
de Down, que pueden tener relación con el tema alimenticio. Todo eso tiene
implicaciones mentales y físicas. Al final al Estado o alguien tendrá que hacer
algo por todo lo que se está desencadenado”.
Chacaíto. Nancy ya asoma líneas de mujer. Tiene los labios
pintados de rojo, suéter y zapatos del mismo color. En su cabello se acumula la
suciedad y el enredo del día a día en Chacaíto. Con una cola gruesa logra
controlarlo. No quita la mirada del piojo que camina por la cabeza de su
hermano Luis de 14 años de edad, aunque tiene la estatura de un niño de 7 años.
Lo pesca y lo saca. Ambos compartían una tizana una mañana de enero. Estaban
sentados en las escaleras de una de las salidas del Metro. “En el día buscamos
comida en la basura. A veces rescatamos dulces que botan en las panaderías y si
están buenos, los vendemos. Las personas también nos regalan cosas y dinero”,
dice el muchacho.
El mes pasado cumplieron un año viviendo en la calle, un
año desde que dejaron de estudiar. Dicen que no quieren volver a casa, porque
los maltratan. Han aprendido a lidiar con la rudeza de la calle. “Lo más
difícil de estar en la calle es dormir. Hemos pasado frío, pero creo que no
regresaríamos a casa”, dice la muchacha. Ya han encontrado otra familia:
“Cuando alguien intenta abusar de nosotros nos unimos y nos protegemos. También
nos cuidan otras personas que aunque no son nuestra familia es como si lo
fueran”.
Junto con otros 38 niños guardan sus cosas y pasan la noche
en la jardinera de la Torre Forum, en El Rosal, un edificio de oficinas que ya
se ha habituado a su presencia, aunque en varias ocasiones han llamado a la
policía y a los consejeros de protección para desalojarlos. “Tenemos nuestras
sábanas y cartones. Nos levantamos temprano y cada quien por su lado sale a
buscar qué consigue para comer. Después de eso nos encontramos en los dos
banquitos que están aquí y nos quedamos echando broma con los demás del grupo.
Hasta que nos vamos a dormir porque después los ‘pacos’ se ponen fastidiosos. Y
eso que nosotros no robamos a nadie, aunque a veces algunos del grupo se ponen
a inventar y después nos joden a nosotros”, cuenta Nancy.
En el artículo 117 de la Ley Orgánica de Protección de
Niños, Niñas y Adolescentes, se establece la definición, objetivos y
funcionamiento del Sistema de Protección. Se trata de un conjunto de órganos y
servicios que coordinan las políticas, programas y acciones destinadas a la
protección y atención de la población infantil y adolescente en situación de
pobreza o afectados por otras circunstancias. Sin embargo, en la práctica tales
programas y políticas no funcionan o son insuficientes.
“Las pocas instituciones que hay están colapsadas por la
falta de recursos para adquirir alimentos e insumos. Hay programas como los de
Negra Hipólita que trabajan con la indigencia, pero solo atienden a adultos.
Cuando hemos contactado a la Misión Niños y Niñas del Barrio o la de Hijos de
Venezuela, para incluir a los muchachos en esos programas, no tienen cupo”, señala
la consejera de Chacao.
Les corresponde a los consejos, tanto el ámbito municipal y
estadales, y al Instituto Nacional de Derechos del Niño, Niña y Adolescente
(Idenna) hacer el abordaje y financiar los programas. Por falta de recursos
financieros y de personal la labor se dificulta. Las casas de abrigo temporal
no tienen cupos, lo que ha obligado a algunos consejeros a darles alojamiento
en sus casas a los niños mientras localizan a sus familiares. “A veces nos
llegan aquí cuatro niños y se llama a todas las instancias y no tienen una
respuesta. Yo digo con total responsabilidad que el sistema de protección está
en crisis”, dice la consejera Rosenny Liccioni.
La red privada suma 87 casas hogares en todo el país,
señala Rodríguez, de las Casas Don Bosco. El 2 de agosto de 2016,
representantes de esas instituciones se reunieron en lo que llamaron Asamblea
de Entidades y Programas de Protección a Niños, Niños y Adolescentes y
plantearon la problemática a Carolina Cestari, entonces viceministra de la
Suprema Felicidad, ente rector del Sistema de Protección de Niños, Niñas y
Adolescentes, que recientemente fue designada jefa de gobierno del Distrito
Capital “Todos le expresamos lo mismo. La dificultad de acceso a alimentos e
insumos. Hasta el momento el gobierno no ha creado un programa que garantice la
alimentación de los niños institucionalizados y hospitalizados. Más de 5.000
niños están en casas hogares en todo el país. Ese número se va a disparar por
la cantidad de niños en la calle. Estamos en un limbo”. Hasta el momento no han
recibido respuesta.
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